El documental ‘La flor de la vida’: La historia de un amor

Lunes, Abril 8, 2019

Claudia Abend y Adriana Loeff tenían treinta y pocos años cuando desarrollaron el documental La flor de la vida ( Uruguay), una mirada sobre los pasos de un tiempo que nunca se detiene.

Todo arrancó, recuerda Adriana Loeff, con investigación: contactando con gente y en la búsqueda de casos. “En determinado momento nos pareció que estábamos un poco atrapadas. Y se nos ocurrió poner un aviso en el diario que decía: “Si Ud. tiene más de 80 años y quiere contarnos su historia, llámenos”.

Aquel día el teléfono no paró de sonar. “Estaba lleno de gente mayor con muchas ganas de ser escuchada y cada charla que teníamos, cada persona que conocíamos, nos parecía oro. Entonces se nos ocurrió convocarlos a todos a una sala de teatro vacía en Montevideo, con una silla y una cámara, y hablar con ellos sobre todos estos temas”.

En esas andaban cuando una colega de Claudia Abend le habló de Aldo, el papá de una amiga suya, “como un hombre inteligentísimo, carismático y polémico. Y cuando llamamos a su hija para ver si le parecía bien invitar a su padre a este rodaje, ella nos dijo: ‘miren que el verdadero personaje es mi madre Gabriella”.

Así fue como conocieron a esta pareja, y su historia fue la trama de La flor de la vida, que se proyecta el 9 de abril, a las 6:30 p.m., en el Salón Ricardo J. Alfaro, del Ministerio de Relaciones Exteriores, como parte del Festival Internacional de Cine de Panamá.

Claudia Abend espera que La flor de la vida conecte con el público, “que se conmuevan con esta historia de amor y desamor tan universal. Y esperamos ver buenas películas, y también reencontrarnos con colegas y amigos”.

"El documental se rodó en Montevideo, donde Aldo y Gabriella vivían en aquel momento: ellos son italianos que vivieron medio siglo en Venezuela y de hecho ahora viven en Chile. El rodaje duró casi cuatro años", explica  Claudia Abend.

"Nuestro estreno mundial fue en IDFA, en Amsterdam, y luego estuvimos en varios festivales, como el True/False Film Fest, el Docs Barcelona, Ambulante y muchos otros. En É Tudo Verdade, en Brasil, recibimos un premio especial del jurado, y en el Festival de Málaga el premio del público a mejor documental", indica  Adriana Loeff.

Lo hecho

Un obstáculo por saltar en la carrera era saber qué opinaron la pareja y sus familiares al ver el documental.

Adriana Loeff relata que Aldo y Gabriella habían visto poco de la película hasta que estuvo terminada, “en parte porque en las últimas etapas ya no estaban en el país. Y teníamos un poco de miedo. Terminaron siendo muy abiertos, contándonos cosas muy íntimas, dejándonos filmar en momentos muy increíbles. Y empezamos a preguntarnos si no les lastimaría ver esta película, verse a sí mismos a lo largo de los años —la peli tiene muchísimo material del archivo familiar—, ver lo que pasó con su relación. No sabíamos si sería mejor para ellos verla juntos o por separado”.

Las cineastas viajaron a Chile especialmente para proyectar La flor de la vida junto a ellos. Claudia Abend comparte que Aldo y Gabriella pidieron verla juntos, "y cuando llegamos estaban ellos, su hijo, su nuera y varios nietos… no sabíamos cómo iba a caerles. A lo largo de la proyección escuchamos risas, comentarios internos entre ellos, momentos un poco más tensos. Y cuando terminó, fue muy fuerte conversar sobre lo que vieron, sobre cómo les hacía sentir, en fin. Fueron muchos años de sus vidas, y también de las nuestras. Creo que se sintieron comprendidos y cuidados".

Personalidades
 
Aldo y Gabriella tienen personalidades distintas. Adriana  Loeff  los describe así: "Él es expansivo, egocéntrico —él mismo se define así—, conversador, abierto. Ella es una persona muy privada, de pocas palabras. Y nuestra relación con ellos fue un poco así. Aldo nos abrió las puertas de su vida, y lo acompañamos durante muchísimos momentos, algunos duros e incómodos inclusive. Valoraba mucho nuestra compañía y eso marcó el rodaje con él".
 
Gabriella, por el contrario, indica Claudia Abend, "parecía no precisarnos para nada, y a veces hasta nos daba un poco de pudor pedirle para ir a visitarla, a filmar alguna escena con ella o simplemente a charlar. Es una persona increíblemente inteligente —ambos lo son—. Conversar con ella era un placer para nosotras. Pero estaba más cómoda cuando nos tomábamos un café y hablábamos de cualquier cosa que cuando prendíamos la cámara".
 
Adriana comparte que como realizadores aprendieron "a convivir con su incomodidad, y ese sentimiento está presente en la película, es parte de lo que vivimos con ella y de cómo se dio el proceso. Hasta que finalmente logramos conectar, y descubrimos a una persona mucho más desprejuiciada y abierta de lo que pensábamos".
 
Labores
 
-¿Cómo se hace una película a cuatro manos?
 
Claudia: "Trabajamos juntas hace muchos años y esta es la segunda película que hacemos, como decís, a cuatro manos. Nos conocemos muy bien y estamos bastante alineadas en nuestra visión, en lo que queremos contar".
 
Adriana: "Hay tareas que hacemos juntas y en otros casos nos complementamos, como por ejemplo durante el rodaje. Normalmente una de nosotras trabaja con los personajes, mientras que la otra está atrás del monitor. Una de las etapas más interesantes de la colaboración es el montaje: escribimos el tratamiento juntas, pero luego cada una explora un camino diferente en la isla de edición. Y periódicamente nos sentamos un día entero a proyectar cada uno de esos caminos. Un ejercicio que repetimos varias veces a lo largo de dos años de edición. Y uno de los procesos más creativos que recuerde".
 
-Tengo la impresión que el cine no fija con mucha frecuencia en la vida de las personas mayores. 
 
Claudia: "Probablemente sea cierto. Claro que hay películas maravillosas acerca de esta etapa de la vida, como Amour, de Michael Haneke. Nosotras queríamos explorarla desde otro lugar, desde sus claroscuros".
 
Adriana: "Nuestra película tiene elementos de drama, pero también de comedia. Nos habla del dolor del tiempo que pasa, de los sentimientos que cambian, de las personas que perdemos. Pero también del amor profundo, de la mirada del mundo que permanece intacta y de la posibilidad de ser dignos hasta el último día de nuestras vidas".
 
-¿En qué medida el amor puede mantenerse hasta que la muerte nos separe?
 
Claudia: "El amor cambia a lo largo de los años porque las personas cambiamos, porque mucho de quienes somos se mantiene, pero mucho evoluciona. Claro que el amor puede durar toda una vida —mis abuelos son un ejemplo de eso—. Pero a veces la vida dura más que el amor".