PARASITE, ME?

Enrique Castro Ríos


Avance de Parásitos en el canal de YouTube de Cinépolis Distribución.
 

“People who dismiss the unemployed and dependent as ‘parasites’ fail to understand economics and parasitism. A successful parasite is one that is not recognized by its host, one that can make its host work for it without appearing as a burden. Such is the ruling class in a capitalist society.”

Professor Jason Read
University of Southern Maine
 

“Las personas que desestiman a desempleados y dependientes como ‘parásitos’ no comprenden la economía y el parasitismo. Un parásito exitoso es aquel que no es reconocido por su huésped, aquel que logra que su huésped trabaje para él sin parecerle carga alguna. Tal como la clase dominante en una sociedad capitalista.”

Profesor Jason Read
University of Southern Maine
 

Merecidamente, Parásitos (Gisaengchung, romanización del hangul 기생충, Corea del Sur, 2019), ha hecho historia en el mundo del cine como el primer filme en “lengua extranjera” (¡oh añorado Imperio!), es decir, no en idioma inglés, en ser galardonado como Mejor Película por los Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (AMPAS por sus iniciales en, ¿qué otro idioma?, inglés, sigla homófona en español al sinónimo de mafias, carteles y camorras).

Ello, sin mencionar sus demás Oscars, el “incorrecto” nombre de pila de estos premios, toda una lista de ensueño para quienes todavía creen en estos galardones: Mejor Director para Bong Joon-ho (arrebatándole la estatuilla de las manos a vacas sagradas genéticamente modificadas como Martin Scorsese, Sam Mendes y Quentin Tarantino); Mejor Guión Original para Bong y Han Jin Won; y Mejor Película Internacional, galardón conocido hasta la primera semana de febrero 2020, es decir, hasta la última edición de los “Óscares”, bajo el más honesto título “Mejor Filme en Lengua Extranjera”. ¿Extranjera a quién?

Días después, pasadas las resacas de los Premi- bah, Óscares —al menos son tres sílabas en lugar de veintitrés, y en inglés tan sólo dos— … pasada la resaca de los Óscares y de sus diversos festejos posteriores, todos con diferentes niveles celestiales de exclusividad de acuerdo a cuán rico y/o famoso eres, culminando en el séptimo cielo junto a Jeff Bezos; y sin dejar de admirar la brutalmente poderosa y devastadora Parásitos, debemos hacernos al menos tres “preguntas fuertes”[1] sobre su premiación:
 

1.

¿Por qué a la’ AMPAS de Hollywood le’ ha tomado NOVENTA Y DOS AÑOS, ocho menos que un siglo y casi la duración de la Ocupación estadounidense de Panamá, aceptar que una película en otro idioma que no sea el inglés puede ser considerada y elegida como “Mejor Película”? Considerando, claro, que “Mejor” puede tener mil interpretaciones. Hablamos de una premiación que es veintiún años más antigua que el mismísimo Festival de Cannes, la hostia de los galardones cinematográficos (de paso, recuerden que las dos últimas letras de Cannes son mudas y se pronuncia Cann; para ayudarse mnemónicamente pueden pensar en el can-can o en la Reina del Funk y más recientemente del GIF, Chaka Khan[2]).
 

2.

¿Por qué lås[3] miembros de la’ AMPAS, que en su trabajo y estilos de vida hacen tanto por preservar y normalizar la desigualdad e inequidad entre seres humanos, produciendo e interpretando una y otra vez historias románticas y edulcoradas sobre lås ricås que también lloran, galardonan a gritos un filme como Parásitos, que detalladamente disecciona este cáncer social que es el parasitismo del desenfrenado Poder económico? Me recuerda la premiación con el Óscar al Mejor Documental 1993 para The Panama Deception (El engaño Panamá, EEUU 1992, de Barbara Trent), un filme que critica acérrimamente el colaboracionismo de la prensa de los EEUU con las fuerzas armadas de este país para justificar la claramente ilegal, por no decir brutal, Invasión de EEUU a Panamá, cuando lås miembros de la Academia lactan del Pentágono en filme tras filme sobre valientes soldados estadounidenses liberando nación tras nación à la Nagasaki (o si no queremos llegar a extremos atómicos, à la Dresde o à la un sinnúmero de ciudades y aldeas coreanas durante su Guerra a Corea). Tan sólo en el caso de Ridley Scott, el extraordinariamente talentoso director del Blade Runner original (EEUU 1982), recordemos su impactante G.I. Jane (EEUU 1997) pero sobre todo su perversamente hermoso Black Hawk Down (EEUU 2001), odas a la brutalidad militar estadounidense. 
 

3.

¿Por qué, luego de tan fuertes críticas sobre su falta de diversidad étnica, fémina y económica, por sólo mencionar tres “categorías” de exclusión, los Óscares 20-20 se salen con la suya e ignoran nuevamente la creatividad no caucásica, no masculina y no solvente, usando a manera de cortina de humo un filme de lucha económica entre coreanos del mismo color de piel para hacerse ver “diverso”?


En el fondo, es terriblemente naïf de mi parte hacerme estas preguntas cuyas respuestas conozco. En el fondo, el Poder mal llevado es terriblemente sagaz en apropiarse de e incorporar a sus más férreos críticos a manera de expandir sus mercados y maquillar sus carencias. En el fondo, o para apropiar una expresión anglosajona, al final del día, el cine comercial hollywoodense seguirá parasitando la creatividad del planeta entero. 

Llevando ahora la crítica a mí mismo, a nosotrås mismås, ¿seremos capaces de escuchar —y actuar— la fuerte crítica social de Parásitos hasta el fondo de nuestros corazones y cuestionar nuestro propio parasitismo de otras personas, sobre todo aquellas de niveles socio-económicos “inferiores”? De no hacerlo, ¿habrá fallado el filme? ¿Cuál es, y hasta dónde llega, el papel del cine, este cine que consideramos vida?

Para cerrar, aclaro que PARÁSITOS ME ENCANTÓ, tal cual: en MAYÚSCULA CERRADA con negrita resaltada y subrayada y una inconsolable depresión. A ratos recordándome el uso de la comedia negra en el cortometraje Ilha das flores (Isla de las flores, Brasil 1989, de Jorge Furtado[4]), Parásitos/Gisaengchung te seduce a bajar todas y cada una de tus defensas con sobredosis de humor cada vez más enfermo, para calarte entonces una bayoneta de incómoda verdad tras otra y forzarte a descender cual Dante a los infiernos. Y cada vez que crees haber tocado fondo, hay más fondo. Allí, en el hoyo más profundo de la naturaleza humana, a manera de un Salò para [casi] todo público,[5]  Parásitos nos encara, como personas y como sociedad, con nuestras más abominables contradicciones y con el mito de Sísifo de poder salvarlas.   
 

Enrique Castro Ríos
enrique@iffpanama.org 

 

[1]  Me apropio nuevamente de la frase del cineasta Mauro Colombo, director de Tierra adentro, durante nuestra conversación tras la selección de su filme en la sección Bright Future del 49. IFF Rotterdam 2020: “A mí me gusta el documental cuando te deja como una pregunta fuerte.” https://www.iffpanama.org/es/blog/cancha-larga-cine-es-alquimia-y-brujeria
[2]  Para la muestra, un botón: Like Sugar, https://www.youtube.com/watch?v=RecY5iZn6B0
[3]  En esta torpe búsqueda por un idioma inclusivo, en la que la tan de moda “x” me suena visualmente a error y censura, propongo por ahora la “o” noruega, que se escribe “å”.
[4]  Ilha das flores, https://www.youtube.com/watch?v=bVjhNaX57iA
[5]  Salò o le 120 giornate di Sodoma (Saló o los 120 días de Sodoma, Italia 1975, de Pier Paolo Pasolini).