¿DE DÓNDE VIENE, LE CINÉMA?

Enrique Castro Ríos
 
Avance de Die Höhle der vergessenen Träume / La cueva de los sueños olvidados, Francia-Alemania 2010, de Werner Herzog. IFC Films, YouTube
 

Cine es vida, nos hemos pronunciado. Pero, ¿de dónde viene la vida y de dónde el cine? Considerándome una persona espiritual pero no religiosa, dejo la primera pregunta en manos de la ciencia, pues el creacionismo en sus infinitas variaciones es muy interesante como metáfora de lo ocurrido e incluso como tema cinematográfico, y ya. Entenderlo literal y no espiritualmente le arrebata su mística y su poesía. En alemán, italiano, científico y castellano, basta. Lås científicås[1] trabajan con hechos, más que los apóstoles, hechos fundamentados en evidencia, aunque ellås mismås reconozcan que falta mucho por comprender. 

Entonces, ¿cuáles son los hechos y cuál la evidencia del origen del cine? Concuerdo con el controvertido cineasta alemán Werner Herzog[2] cuando reflexiona que el cine se remonta mucho más allá de la primera proyección comercial del cinématograph de los hermanos Auguste y Louis Lumière en el Salon Indien del Grand Café de París el sábado 28 de diciembre de 1895.[3] Treinta y dos mil años más allá, para ser exactos; no puedo citar el día de la semana o el mes del año pero sí el lugar: la Cueva de Chauvet en Pont-d’Arc al sur de Francia, caverna que protagoniza e impulsa cual ser viviente el impresionante documental de Herzog, Die Höhle der vergessenen Träume (Cave of Forgotten Dreams La cueva de los sueños olvidados, Francia-Alemania, 2010).[4] En las accidentadas paredes de Chauvet los seres humanos, específicamente los tan mal llamados homo sapiens, plasmaron enormes manadas de caballos, bisontes, mamuts, megalóceros, caribús, leopardos, panteras, rinocerontes peludos, leones y osos cavernarios, íbices, antílopes, lobos, ganado primigenio y demás grandes mamíferos con los que entonces compartían el planeta, pero también mariposas, un minotauro, una mujer; pinturas que se preservaron cual recién hechas al sellarse la cueva gracias a un derrumbe veinte mil años atrás. Al igual que la imagen rupestre de un jabalí en Altamira, España, pintada más de quince mil años después, las espectaculares imágenes de Chauvet incluyen un bisonte de ocho patas —paleolítico Sleipnir,[5] el caballo octópedo con el que Odín[6] cabalga los confines del universo nórdico— y un rinoceronte de infinitos cuernos y lomos. Herzog, como el selecto grupo de científicos con el que visita la resguardada Chauvet, incluso como los cuatro adolescentes que por casualidad descubrieron Lascaux en 1940,[7] concluye que al ser iluminadas por las llamas temblorosas de fogatas y antorchas humanas hace treinta y dos milenios, estas imágenes reverberaban la ilusión de kinema o movimiento y se animaban —literalmente, se infundían de ánima, de hálito, de alma— en lo que él denomina “proto-cinema”. Aún hoy, bajo la burda luz de las lámparas de casco de sus investigadorås, esta fauna extinta vuelve a correr y cabalgar las escabrosas pantallas del cinema paradiso de Chauvet. 

Cine es mover para conmover.

Sin embargo, el cine como triple ilusión humana —como engaño, como deseo, como proceso cognitivo— se remonta muchísimo más atrás, me atrevo a decir, incluso más allá y más acá de cuando fuimos humanos, es decir homínidos, o quién quita, hasta mamíferos. Pues el cine nace del soñar, del soñar dormidos sobre todo, pero también despiertos, y he visto a un mastín durmiente correr soñando al soñarse corriendo, sus gordas patas imitando el galope paleo-cósmico del Sleipnir de Chauvet. Y es que sueño y cine —cine cine, cine de salas o incluso de los cuasi extintos palacios cinematográficos— comparten similitudes a tutiplén, desde situarte “pasivamente” en una cámara oscura observando una tenue ilusión de luces y sombras bajo el cobijo de la suspensión de la incredulidad;[8] hasta convocarte —como algo más grande que tú, como especie, como Vida misma— una experiencia y subconsciente colectivos. En palabras de Julien Monney, joven arqueólogo de Chauvet a quien Herzog entrevista, quien tuvo que pausar sus visitas a la caverna al no dejar de soñar noche tras noche con leones representados y verdaderos, la cueva y sus pinturas —y el sueño y el cine por extensión— le provocaban “una sensación de cosas poderosas, y profundas… Una forma de comprender las cosas que no es directa.”

Cine es soñar para comprender.

Algo primario nos ha impulsado a través de nuestra existencia homínida a reproducir —y como tanto nos gusta, a controlar— esa experiencia del sueño y de ensueño hasta llegar, tres días después de la navidad de 1895, al cine. Quizá todo comenzó cuando lås Homo sapiens de Chauvet o de alguna otra caverna en Kenia o Indonesia, o sus contemporáneås neanderthalensis,[9] se asombraron boquiabiertås ante la imagen invertida, viva y móvil, proyectada sobre una pared de la cueva que habitaban, primigenia camera obscura causada por un hoyo en el cuero que protegía la entrada a dicha cueva.[10] Yo mismo he sido testigo de semejante fenómeno una noche en una vieja casa sin manijas en las puertas. Como ocurre dentro de las bóvedas de nuestros ojos, la luz que se escabulle por un hueco desde un ambiente lumínico hasta una habitación a oscuras portará consigo la imagen del mundo luminoso, patas arriba y en kinesis, en movimiento. Es nuestro cerebro, donde realmente vemos, el que endereza nuestras viruecas percepciones oculares. 

O quizá un corrientazo de asombro se disparó por los brazos de nuestrås ancestrås cuando, sin premeditación ni alevosía, trazaron la clara silueta de una bestia en las arenas del Río Ardèche al pie de Chauvet o las de un río o una playa en Sulawesi[11] y entendieron, como espirituales pero no religiosås Evas y Adánes, que habían mordido la fruta prohibida del árbol del conocimiento, y se vieron desnudås. El conocimiento de la comunicación a través del tiempo y del espacio. Lo que siguió fue una explosión en la sapiencia humana que no se detiene hasta nuestros días y que hoy promete o destruir la vida sobre la tierra como la conocemos, o transportarnos finalmente a un mundo de justicia social, si somos capaces de involucionar de lås Homo sabelotodus en lås que nos hemos convertido a lås Homo spiritualis que el Director de Investigación de la Cueva de Chauvet, Jean-Michel Geneste, arguye fuimos cuando dejamos nuestros trazos en aquellas agrestes paredes cavernarias. En sus palabras a Herzog, “[…] la invención de la figuración, de la figuración de los animales, del hombre, de las cosas, es una forma de comunicación entre humanos con el futuro para evocar el pasado, para transmitir información que es mucho mejor que el lenguaje, que la comunicación general. Y esta invención sigue siendo la misma en nuestro mundo hoy en día, con esta cámara, por ejemplo”, concluye Geneste, señalando la cámara que le graba, camera lucida que traza pinceladas binarias sobre las paredes rupestres de una memoria electrónica.

Cine es remontarse para evolucionar.

Pero volvamos a la evidencia, y en especial a un tema que me fascina y preocupa, que el cine surja precisamente de Europa, sea en París o en Chauvet, o de los EEUU como extensión cultural de Europa. En otras palabras, que el cine, que considero arma de diversidad y de inclusión, en realidad nazca del muslo de la excluyente civilización occidental decimonónica, habiendo tantas y tan válidas herencias culturales en todo el planeta. ¿Por qué? Esto, sin embargo, quedará para la siguiente entrega. Como cerraba el primero de los episodios dobles de los tétricos seriales de los años 80:

TO BE CONTINUED…

Enrique Castro Ríos
enrique@iffpanama.org

[1]   Como mencioné en mi primera entrega, en mi torpe búsqueda por un idioma inclusivo, en la que la tan de moda “x” me habla de error y censura (debiera, en todo caso, escribirse cromosomáticamente como “xxy”), propongo por ahora la “o” noruega, que se escribe “å”. 
[3]  Curiosamente, el cumpleaños oficial del cine toma como referente la primera exhibición comercial del cinematógrafo de los hermanos Lumière, a pesar de que el aparato ya había sido utilizado con éxito en proyecciones no comerciales. ¿Qué nos dice esto de cómo valoramos el cine? Además, fueron muchos descubrimientos previos los que llevaron a los Lumière al cinematógrafo… 
[7]  ‘Humans were not centre stage’: how ancient cave art puts us in our place
[11]  Sulawesi o Célebes, isla de Indonesia donde se ha encontrado el arte pictórico narrativo más antiguo hasta el momento en la Cueva de Leang Bulu’ Sipong: https://elpais.com/elpais/2019/12/11/ciencia/1576085162_065582.html